Esta hipótesis amatoria conocida científicamente como teoría de la correspondencia puede resumirse en una frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer".Y cuando esa especie de fascinación -que hace que dos seres se queden "enganchados" y con gran necesidad de conocerse e interactuar- empieza, ya no existe nada en este mundo que la pueda parar.
Y a partir de ahí, ya nada es como antes. Se origina una revolución interna que convierte lo racional en irracional. La prudencia en torpeza. Y la serenidad en nerviosismo.
Son los signos del enamoramiento. Cuando encontramos a la persona deseada y se dispara la señal de alarma. Cuando nuestro organismo entra en ebullición. Ya saben cómo va.
Y que a juicio de los científicos no son más que los efectos de la acción de ciertas sustancias químicas. Unas sustancia que afectan a cerebro, glándulas suprarrenales y aparato genital.
Ellas son las causantes de esos efectos. Desde el simple rubor a la erección más recia.
Todo va a través del sistema nervioso. Y empieza con el hipotálamo enviando mensajes a distintas partes del cuerpo. Con ellos les dice a las diferentes glándulas que aumenten la producción de hormonas.
Ahí está el quid de las cosas del querer. En las hormonas.
Autor Carlos Roque Sánchez, 05/03/2009
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